¿QUIÉN VIO?, ¿QUIÉN SUPO?, ¡¡AHORA LO DIGO!!

Por: Germán Bielefeldt V.

       El escritor chileno Alberto Fuguet, autor de obras como Mala Onda, Por Favor Rebobinar  y  Tinta Roja, entre otras,  dijo: “Debes escribir acerca de lo que más conoces, sino, mejor ni lo intentes.  Se debe escribir acerca de lo que sientes y te duela”.  Lo anterior explica el porqué escribo acerca de mi propia experiencia.

      Para completar el texto,  agregaré que Mala Onda, es una recomendable novela escrita en 1991 y por la cual a Fuguet se le calificó como el padre de la “Nueva Narrativa Chilena”.  La verdad, no comparto dicha opinión,  ya que para mi gusto, esa tendencia se inició con la clásica Palomita Blanca de Enrique Lafourcade, escrita a comienzos de los años 70.   

      Hecho este pequeño preámbulo, vamos al tema de fondo.  La siguiente situación, es el suceso más curioso que me ha ocurrido en toda mi vida ajedrecistica.  Probablemente es una situación muy extraña y escasa en el ajedrez mundial y tan solo en una ciudad como Osorno podía ocurrir.  Debo advertir además, que seguramente mucha gente se va a formar una pésima opinión mía (si es que ya no se la ha formado antes), pero los hechos ocurrieron de manera absolutamente accidental y sin mala intención de por medio.

      Como últimamente se ha impuesto la moda de revelar secretos luego de 25 años, voy a contribuir con un nuevo caso.  Lo siguiente es primera vez que me digno a contarlo y espero que cada lector saque sus conclusiones.  Uds. tienen la palabra. 

      En 1979, luego de obtener el subcampeonato del Torneo de 2º Categoría de mi club,  participé en  el de 1º, que era valido por el título de Campeón de Osorno,  y en la 8º ronda juego la siguiente partida:

TORNEO DE 1º CATEGORIA DEL CLUB AJEDREZ OSORNO

Osorno, 10 de septiembre de 1979

Blancas: Germán Bielefeldt

Negras : Mario Marín

Defensa Indobenoni

1 d4 (No entraré en mayores comentarios respecto de la calidad de la partida, lo realmente importante es otro tema.  En todo caso, debo advertir que mi nivel de juego era aun bajo,   muy aparecido al que sigo teniendo) Cf6 2 c4 c5 3 d5 e6 4 Cc3 g6 5 Cf3 d6 6 e4 exd5 7 cxd5 Ag7 8 h3 Cbd7 9 Af4 Dc7 10 Cd2?!  a6 11 Cc4 Af8 12 Ad3? (Se nota que era “pajarito nuevo” y permito “gratis" que me jueguen la reacción temática en esta defensa. Hoy jugaría sin pensar 12 a4 Cb6 13 Db3 Cxc4 14 Dxc4 Ad7 15 0-0, etc.)     b5! 13 Ce3 Ag7 14 Dd2 0-0 15 0-0 Te8 16 f3 Ch5 17 Cg4 Cxf4 18 Dxf4 Te7 19 Tfc1 Ab7 20 Tc2 Tae8 (Las negras han alcanzado una ligera ventaja) 21 Tac1 Db6 22 Rh1 h5 23 Ch2 Rh7 24 Dh4 Cf6 25 Tg1 c4 26 Ae2 Rg8 27 Ad1 Ac8 28 Df2 Dxf2 29 Txf2 Cd7 (Ahora la ventaja negra es muy clara) 30 Tc2 Cc5 31 g4 Ad4 32 Tf1 hxg4 33 Cxg4 Axg4 34 hxg4  Rg7 35 Rg2 Th8 36 Th1 Tee8 37 Ce2 Ae5 38 Cg3 Cd3 39 b3 Cf4+ 40 Rf1 Txh1+ 41 Cxh1 Th8 (En este momento el arbitro interrumpe el juego y me ordena hacer la jugada secreta.  Recordemos que en esos años, se jugaba a dos horas y media por jugador para 40 movidas y luego a un ritmo de 16 jugadas por hora.  Los ritmos finisch de nuestros días, eran una rareza.  Lo concreto es que no deseaba sellar ya que mi movida era muy obvia y mi rival tendría claro, cual sería la posición cuando le tocara mover al reanudar el juego al día siguiente) Ver diagrama.


 

                                          Posición del aplazamiento tras 41 … Th8

     La posición del diagrama refleja  el momento de la suspensión.  El análisis casero arrojaba que tras mi jugada sellada había clara ventaja negra por lo que no tenía demasiadas ilusiones en la continuación de la partida.   Las posibles variantes eran las siguientes: 42 Cf2 c3!  a.) 43 b4 Ad4 44 a3 Th2 45 Rg1 Txf2 46 Txf2 Ch3+ 47 Rg2 Cxf2, gana.  b.) 43 a3 Ad4 44 Rg1 Cd3 45 Rg2 Ce1+ 46 Rg1 Cxc2 47 Axc2 Axf2+ 48 Rxf2 Th2+, gana

      En el día del juego llego temprano al club y pongo la posición suspendida, esto con la secreta esperanza de encontrar a ultima hora, un camino salvador.  En el intertanto el arbitro no llegaba y la hora de juego se acercaba. 

     De pronto aparece mi rival y consulta:

    -¿El fiscal aun no aparece?

    -Se ha atrasado, esperemos un rato a que llegue.

    -Estoy muy apurado, reanudemos no más. ¿Supongo que tu jugada secreta es 42 Cf2?

    -Efectivamente, pero si estás apurado lo podemos dejar en tablas.

    -No, no, movamos algo más.

    -Bueno, juguemos –le respondí desencantado- y la partida siguió a partir de la posición que estaba en el tablero en ese momento.

     Mí rival rápidamente cogió su alfil y juega 42 … Axf2??!!??!?!?.

     ¿Pero como se preguntará el lector?.  Ok, sigamos.  

     -¿Qué extraño, cómo no advertí en mis análisis este  cambio?

     Bien, el juego siguió y recapturé el caballo.  Al cabo de un rato tenía posición ganadora.  Finalmente el juez apareció  y solo se limitó a verificar que mi jugada secreta era  42 Cf2.  No comentaré el resto ya que carece de todo sentido. La reanudación fue la siguiente:

43 Rxf2 Th2+ 44 Re3 Rxc2 45 Axc2 cxb3 46 Axb3 g5 47 Rd4 Rf6 48 Ad1 Cg6 49 Ae2 Ce5 50 Re3 Cd7 51 Rd4 Cb6 52 Ad3 Ca4 53 Ac2 Cb2 54 Ab3 a5 55 Rc3 Ca4+ 56 Axa4 bxa4 57 a3 Re5 58 Rd3 Rf4 59 Re2 f6 60 Rf2 Re5 61 Re3 f5 62 gxf5 Rf6 63 f4 g4 64 Rf2,  1 – 0.

      Al finalizar el juego, le consulto a Mario ¿Porqué no supo encontrar la línea vencedora? y me explica que en realidad, no tuvo tiempo de examinar en su casa la partida y que se presentó al aplazamiento sin analizar nada y que apenas recordaba la posición, pero que si sabía que su última jugada fue atacarme un caballo y que mi respuesta seria más o menos obvia.

     Muy contento con un punto, que ni pensaba ganar, llegué a casa a reproducir la partida, cuando de repente me percato. 

     ¡La posición de la reanudación es distinta a la original y por lo tanto 42 … Axf2 es imposible!.   ¿Qué pasó?.  Muy sencillo,  cuando analizaba el juego en el club, mi rival llegó y en el alboroto dejé la posición a reanudar en forma errónea, el alfil en vez de estar en “e5” , lo dejé en “e3” y mi rival sin pensar me tomó al caballo de “f2”. 

     Francamente, nadie se dio cuenta del error y por eso encontraba que algo andaba mal.   Al día siguiente volví al club pensando que mi rival se daría cuenta de lo sucedido, pero su reclamo jamás vino.  Creo que él nunca más analizó ese juego y, si lo hizo, habrá pensado que había un error de transcipción en la planilla.  Al arbitro le dijimos que la jugada secreta era 42 Cf2  y en la tabla me anotaron un punto completo.

     Finalmente guardé silencio y ahora, 25 años después, cuento mi verdad.  ¿Soy culpable o inocente?.  Inocente porque el error fue involuntario, pero culpable porque me quedé callado.    En mis registros tuve que adulterar la jugada original 37 … Ae5 por la falsa  37 … Ae3.

      Solicito a un arbitro, que por favor nos diga que sucede reglamentariamente con lo antes narrado.

“Chessman”

Osorno, agosto de 2004.-