HOMENAJE A MI PRIMER MAESTRO

Por: Germán Bielefeldt V.

 

       Mientras analizaba una de mis partidas del torneo de Lanco 2006, suena el teléfono y me dan una noticia lamentable. El golpe fue seco e inesperado, mi tío Enrique Van Oosterwijk Riedemann fallece trágicamente en Punta de Choros IV región, mientras practicaba su gran pasión deportiva, la caza submarina.

     El hermano de madre y el hijo de mi abuelo, Juan Van Oosterwijk, eximio ajedrecista holandés, era un hombre notable.  Él fue quien me inició en el mundo de los escaques y trebejos y cada verano lo esperaba con ansias para que me enseñe sus técnicas. Mi tío no era un gran jugador, pero para uno que no sabía casi nada, sus conocimientos de ajedrez me ayudaron mucho. Él me enseñó los secretos de la Siciliana y al cabo de unos años ya le ganaba con comodidad. Memorables eran nuestras partidas en el campo de Valdivia, lamentablemente no guardo registro de ninguna partida informal, pero si muchos de los libros en holandés que eran de su padre y que después pasaron a mis manos.  Mi primer ajedrez “profesional”, él me lo regaló en 1977.  (Ver capítulo uno de “Las Historias de Chessman”)

    Como un sentido homenaje, quiero compartir con ustedes una simpática historia que ocurrió en 1987 en Valdivia y que muestra la nobleza de mí queridísimo pariente:

     Desde 1982 que he estado muy ligado al ajedrez de la”ciudad de los ríos”, pero sólo hasta 1987 disputé un torneo oficial allí, se trató de la 1º versión del “Semana Valdiviana”.

     Mientras esperaba a mi tío Enrique que venía desde Coquimbo a su fundo en la Isla del Rey, leí un tímido artículo en el Diario Austral de esa ciudad, en donde invitaban a los jugadores locales participar en un torneo que se disputaría en la Biblioteca Municipal.  Los días pasaban raudos en casa de Hans Richter, donde alojaba y temprano partía a casa de mis padrinos en Collico (ambos fallecidos y la casona incendiada) a esperar al famoso tío, que parece, se había pasado a quedar donde otra parentela en Coñaripe.  Para hacer más placentera la espera, decidimos junto a Hans inscribirnos en el torneo.  En mi caso particular, jugaría hasta que llegue mi pariente.  Así aparecimos y al final unos 25 jugadores comenzamos el evento, el cual se jugó por Sistema Suizo a 5 rondas con una partida al día, es decir, el ajedrez era serio, a la antigua.  En aquellos tiempos, sólo jugábamos por trofeos y medallitas, los premios en efectivo eran muy escasos y por lo tanto no había un traslado masivo de jugadores cazando “el billete”, como hoy.  Era tan escuálida la asistencia que yo era la “estrella” del torneo, honroso título que nunca más he vuelto a tener.

    La 1º ronda jugada el 9 de febrero resultó bastante fácil para mí y Hans, sin embargo, ya en la 2º tuve que sudar la gota gorda para ganarle a un terco Rubén Cárcamo, por su parte Hans, vencía al “gringo” Gillete  (Q.E.P.D.)  Tras dos rondas, comencé a encontrarle el gustillo al asunto y la aparición de mi tío pasó a un segundo plano, “ojalá se atrase varios días más” –pensaba en silencio.  En 3º vuelta le gano al abogado Francisco Contardo y así al día siguiente el duelo por la punta con Richter fue inevitable.  Si mi tío llegaba, Hans ganaba el punto gratis y con ello el torneo, en fin, el título quedaba en buenas manos, pero mi tío no llegó y al mando de las blancas planteo una Española variante del cambio y tras 23 insípidas movidas acordamos el empate..

    Llegamos al último día, el 13 de febrero y mi antiguo maestro llegó con toda la familia a buscarme para partir al fundo desde el embarcadero de calle General Lagos; en aquellos años el camino que ahora une Valdivia con Corral no existía con lo cual el único medio de trasporte, eran las lanchas a motor.

     -¡Qué horror, dejar el torneo botado cuando puedo salir campeón! –le dije a mi tío casi con desesperación.

       El viejo Enrique (bueno no tan viejo, tenía 49 en ese entonces) se acordó de sus años mozos y captó mi angustiante situación, inventando un repentino agotamiento con lo cual el viaje se dilató para el día siguiente.

       En la 5º  y última ronda me enfrento a Daniel Narváez (Pepe Cortisona no es nada al lado de él) y lo gano en un largo final.  Por su parte, Hans también ganaba y el primer puesto quedaba supeditado al resultado de la partida Contardo – Gillete, un triunfo del leguleyo me daba el 1º lugar por sistema, pero pasó lo contrario y el galvano fue para mi gran amigo, debiéndome contentarme con la medalla del vicecampeonato.  De esta forma acabó el torneo. Para más colmo, los premios los darían unos días después, así que tuve que aprovechar un viaje a la ciudad para comprar provisiones con mis hermosas primas (¡qué primas!) y su padre para recibir muy orgulloso mi medalla.

        Desde esta tribuna, escribo a la memoria de mi tío, la distancia me imposibilitó ir al sepelio, pero estas letras quedarán para siempre.  Descansa en paz Enrique Gerardo Van Oosterwijk Riedemann.

 

“Chessman”

Osorno, febrero 6 de 2006.-